martes, 21 de febrero de 2012

231. Romaria.


Entre la espada y la pared, me lanzo a la espada.

Elis Regina.



230. We come from a bad place.




Como me resulta difícil hablar de una película que me afecta a nivel físico (evoco el ligero mareo a la salida del cine, el asco, la turbación, la culpabilidad), voy a limitar este post a unos breves pensamientos y a la recomendación entusiasta, porque “Shame”, la segunda película de Steve Mcqueen después de la maravillosísima “Hunger”, es de visión obligada. Unos encontrarán interés en la forma en que está filmada, y otros en su más que publicitada temática y en el palo de golf de Michael Fassbender (aquí es necesario aclarar que la adicción al sexo no es más que una capa de las muchas que tiene la película), pero es muy probable que todos se sientan identificados, en un momento u otro, con el desesperante retrato de una in-consciencia colectiva que, por si fuera poco, revela matices estrictamente contemporáneos.


Pensamiento Uno.

No necesitamos ser enfermos del sexo para reconocer en las imágenes de ‘Shame’ algunos lugares comunes de la experiencia. Por eso se trata de un relato tan universal y estremecedor. La premisa la conocemos ya casi todos: Brandon es un yuppie atractivo que se folla todo lo que puede, física o virtualmente. La réplica se la da su hermana Sissy, que transita por el mismo camino de auto-inmolación sin que su cuerpo sea el principal mediador entre ella y el mundo. Los dos funcionan (gran parte de la crítica internacional lo ha destacado) como arquetipos, y lo más curioso, como NUEVOS ARQUETIPOS, unos que sólo pueden ser vomitados por la sociedad de la información. Es imposible que, en la educación sentimental de las generaciones nacidas bajo el amparo de Internet, no surja una patología monstruosa de la mirada, y un vaciado progresivo de la misma.


Pensamiento Dos.

Salir desnudo en pantalla es una cosa. Desnudar el alma es otra. Michael Fassbender, Carey Mulligan y Nicole Beharie me parecen maestros en la práctica de ésto último y yo, como espectador, les estoy muy agradecido por semejante entrega. No siempre me emociona el exhibicionismo del primer plano, pero en este caso es el bote salvavidas en un ensayo sobre el exhibicionismo mismo y sus devastadoras consecuencias.



                                 
Pensamiento Tres.

‘Shame’ ha pulsado botones en mí para los cuales tal vez no estaba preparado. No por ello voy a precipitarme a la castidad, pero me pregunto… ¿Qué es el cuerpo? ¿Qué es el contacto entre cuerpos, en última instancia? ¿Qué tipo de contacto me interesa? ¿Es el amor rastreable en el cuerpo? Hale, de un solo pensamiento he parido cuatro, y no hay respuesta para ninguno.



Pensamiento Cuatro (y último, que hoy no doy para más).

La única flojera de ‘Shame’, y tampoco lo es de modo categórico, reside en un leve indicio que Sissy lanza hacia el origen del problema, cuando el origen del problema es esa prisión en que se ha convertido el mundo, perfectamente cristalizada en las calles de New York, en sus ventanas, en sus pantallas, en sus cuerpos. No necesitamos biografías de Brandon y Sissy. El ‘mal lugar’ del que todos venimos es el lugar en el que nos despertamos todos los días y que tanto nos cuesta cambiar. Pero si Steve Mcqueen detonó una bomba con ‘Shame’, convirtiendo esa explosión en una auténtica película-legado o película-reflejo, no está todo acabado.

Sólo hay que atreverse a abrir los ojos, y a mirar de verdad.


Bonus tracks:
a) Dos carteles publicitarios harto innovadores, pero que levantaron escamas allá por las Hungrías. De eso se trataba, también.
b) El tema principal de la película, una variación de Hans Zimmer que angustia más y que abre menos espacio a la luz, al revés que en "La delgada línea roja".





lunes, 20 de febrero de 2012

229. Irregular en los márgenes.



Anoche se entregaron una vez más los Premios Goya, por los que hacía una eternidad que no me interesaba lo suficiente como para visionar una gala entera. Además de unos cuantos chistes de buena calidad y de un puñado de gestos corteses (o anestesiados), la ceremonia nos brindó un discurso que ilustra muy bien las pretensiones de la Academia, y en el que Enrique González Macho se vio obligado a bregárselas lo mejor que podía.

El cine español, o al menos el cine oficial de la “honorable” y “orgullosa” España, no es plural ni tampoco un crisol de miradas. Blackthorn, La piel que habito, No habrá paz para los malvados y La voz dormida son películas que, más allá de su factura, sólo reflejan un aspecto cinematográfico; para más señas, el dominante, el de voluntad narrativa en su acepción más clásica, el que se produce y se exhibe en aras de un entretenimiento “con mensaje” y por ello capaz de satisfacer a públicos distintos que buscan cosas distintas en una imagen en movimiento. En el núcleo duro de ese cine patrio se encuentra, entonces, el mensaje; en los márgenes, la ausencia de mensaje (a menudo más valiosa que la petulancia de esgrimir uno) y los mensajes equivocados, aquellos que no merece la pena desenrollar.

Para que se nos llene la boca con la pluralidad deberíamos aceptar el hecho de que el orden del discurso y el orden de la vida por la que nos conducimos no son más que convenciones, y como convenciones se irán empujadas por el viento. Las nominaciones ya silenciaron, hace un mes, todo aquello que no estaba estructurado en planteamientos, nudos y desenlaces, o en despertares, jornadas laborales y cenas apáticas como ciclo vital en nuestra rueda. No había ni rastro de Isaki Lacuesta, de Manuel Martín Cuenca o de José Luis Guerín, por poner tres ejemplos obvios y totalmente insuficientes a la hora de sugerir una supervivencia en el margen (lo que tiene el destierro es una suerte de anonimato que dificulta tu inclusión en una lista). En el fondo, tampoco era necesario. Pero aun así, nos empeñamos en hablar, y en llevar a nuestro terreno las loas a la diversidad y todo tipo de consignas libertarias y de manifestaciones populares… En esa línea, fue muy representativo ver al Langui en una pose acomodaticia rapeando con ilustres del cine español.

                                                    Fotograma de "Los pasos dobles" (2011) de Isaki Lacuesta.


Reconozco que es tierno ese espejismo que nos venden de que todos estamos incluidos en el benéfico plan del cine español y de que todos tenemos esa imagen que nos representa con dignidad. Pero lo cierto es que no hay una sola voz que reivindique el necesario cuestionamiento y posterior destitución de las bases sobre las que se asienta nuestra sociedad, y para la “oficialidad” no hay mensajes si no hay una columna vertebral que les dén sentido (narrativo) y legitimidad (democrática).

El otro aspecto a destacar es aquello que hoy se puede leer como titular, eso de que “Internet todavía no es el futuro del cine”. En cierto sentido, la Academia tiene razón: Internet debería ser la muerte de la concepción actual (industrial) del cine, que después de más de un siglo se empeña en perpetuar sus paralelismos con otros aparatos mercantiles. Está claro que el visionado gratuito de películas y series online no cubre las inversiones desmedidas que están detrás de la producción audiovisual. Ni falta que hace. La caja de Pandora ya está abierta, ahora sólo toca adaptarse. Lo que podría ser un estímulo para una reformulación del relato cinematográfico se convierte, no obstante, en una espantada en un sentido opuesto al de la marea. No hay que perpetuar una relación comercial entre empresarios y usuarios del cine, a costa incluso del sentido común, sino extirpar la transacción misma y empezar a fomentar modos de producción y espacios de exhibición sin ánimo de lucro.

Ah, pero estoy hablando de otra sociedad que todavía no existe. Bueno. Entonces aguardemos el momento. Tampoco queda tanto. El sol brilla y huele a rancio. Sigamos creyendo por unas horas más que las alfombras rojas y los escotes de las actrices emergentes (y turgentes) ayudan en algo a la concepción de nuevos proyectos artísticos y a la creación de contextos de diálogo.

Y como cierre, algo de cine español. Cine en el que verse o no verse reflejado, en el que sentirse o no sentirse español es algo puramente anecdótico... porque no todo gira en torno a nosotros, que al fin y al cabo estamos aquí de paso, y no sabemos nada sobre nada…


sábado, 18 de febrero de 2012

228. Recapitulemos...



¿Por dónde íbamos? Ah, sí…

Tras un reencuentro con familiares y amigos, me establecí en Tremor de Arriba por unos meses. Escribí la versión definitiva del episodio piloto de “El pasajero separado”, y las talentosas Ela de Castro y Sofía Royo le dieron una aproximación visual al proyecto. Entretanto, escribí otros cotarros de los que surgieron un guión de largometraje muy estimulante (y muy autobiográfico), varios cortos y un cuento largo, o novela muy corta, sobre un hombre que se sienta y se niega a volver a incorporarse. Le he puesto a todo títulos muy masónicos, como Pirámide o Iluminación, pero es que tenía muy reciente la relectura de “From hell” de Alan Moore, y eso marca mucho.

Trabajé para la junta vecinal de Pobladura de las Regueras hasta fines del año pasado. Fue el mejor trabajo que podría haber tenido en paralelo a la escritura, aunque si hubiese sembrado más y macheteado menos pues tampoco hubiese estado nada mal. Esas mañanas en bicicleta, registrando los cambios paulatinos en los árboles y los distintos tonos de mostaza del monte-escombro berciano, fueron un lujo para los sentidos y aliviaron, en cierto modo, mi vuelta a este recodo del mundo. Sabía que no iba a ser fácil, y no lo está siendo.

Ahora, de vuelta a este ligero aturdimiento que es Madrid, es cuando decido hacer balance y retomar la escritura de este diario. Las nuevas formas para esta temporada primavera-verano-otoño (ya sabéis que no tenemos más inviernos, según los mayas) están por verse todavía, y surgirán a medida que borboteen las nuevas ideas. Me propongo trabajar en lo que pueda para mantenerme aquí en la capital mientras doy salida y puntos de encuentro a mis textos.

Una de las razones por las que ‘Miss Kalashnikov’ se quedó colgada en el ciberespacio fue porque ya no iba a ser, al menos en el corto plazo, un diario de viajes, con todo el arsenal de experiencias que eso conlleva. Supongo que narrar el periplo minimalista del retorno a casa, con esas estructuras que uno ya no contempla de la misma forma y esa contradicción constante entre lo que uno piensa y lo que uno acaba haciendo, era un reto que todavía no estaba dispuesto a llevar a cabo. Sin embargo, volver al blog es precisamente lo que puede arrojar luz a la niebla de estos días.




Madrid. Vísperas del cambio.

Hablaremos mucho de “El pasajero separado”. Habrá más creación y (espero) que más diálogo entre unos textos y otros. Intentaré documentar, a mi manera, lo que creo que está pasando con nosotros ahora mismo. Y también me dejaré llevar por la crítica, los vídeos, las músicas y la petardez que acompañaron siempre a este espacio en permanente construcción.

Empecemos con una maravilla de Bach. Intentaré postear muchas, porque es la banda sonora ideal para cualquier fragmento de vida, ya sea presenciado, evocado, o imaginado.


jueves, 23 de junio de 2011

227. Season Finale (Parte III y última): ¡Inlakesh Alaken!



“Todo lo que es consciente se desgasta.
Lo que es inconsciente permanece inalterable, pero una vez liberado,
¿no cae a su vez en ruinas?


Sigmund Freud.


Mi última noche en Sachawasi fue noche de luna llena, y como todas las noches de luna llena se hizo un gran fuego con troncos traídos de la chacra que quedaba al otro lado del río. Yo estaba muy cansado y no quise unirme a la celebración. Como ya había desmontado la carpa me tapé con varias frazadas y me tiré en una de las hamacas de la casa de Bruno, pero el frío era demasiado intenso y, como he tenido oportunidad de comprobar durante este viaje, no soy capaz de dormir cuando tengo frío. Así que me incorporé a eso de la medianoche y me uní a la gente que bailaba alrededor del fuego. No quedaban muchos. Bruno, el Jaguarcito, un salteño muy simpático llamado Juan Blas, una belga absolutamente loca, Romi y otro hombre que no conocía de antes pero que se hacía llamar Pez y que, entre vaso y vaso de chicha, acabó por ofrecernos ayahuasca en polvo. No había suficiente para que todos pudiésemos volar por los aires y las venas del conocimiento así que supuse que este regalo de la Pachamama iba a ser algo tranquilo. Me puse cómodo. Bailé un poco, ejercitando mi pelvis maltrecha y vinculando las llamas de la hoguera con el centro de energía que tengo (y tenemos) debajo del ombligo. Luego miré a la luna entrando en coloridas fortalezas de nubes y escapándose de ellas. Romi y Pez hablaban a mi lado. Me sentí cuidado y querido por Romi, una peluquera argentino-catalana con muchísimo tino. Descansé sin dormir. Al amanecer, o durante ese trance invisible que es el paso de la noche lunar al día, me tocó a mí hablar con Pez. Él llevaba diez años intentando ‘saber’, intentando ‘conocer’. Hacía cosas mágicas con su flauta. Le di un gran abrazo de agradecimiento antes de dirigirme a la casa y a la cocina, donde seguí dando abrazos de agradecimiento y de despedida a todos (fue especialmente duro decirle adiós a Victor, a Bruno y a Hugo, un marino/granjero cordobés que se convirtió en figura paterna para todos nosotros). A las ocho de la mañana ya no estaba allí.

Emilio y Matu se vinieron conmigo, o yo me fui con ellos. Los tres teníamos que estar en otra parte, ellos en Brasil y yo en el lugar desde el que escribo esto, en Guayaquil (Ecuador), de donde saldrá mi vuelo de vuelta a España. El camino de Santa Cruz del Valle Ameno a Apolo, y el de Apolo a La Paz, se hicieron muy amenos gracias a esta pareja de Grenoble (Francia), los dos muy jóvenes y al mismo tiempo valientemente abiertos a lo que el mundo tiene que ofrecer. Emilio tocaba la zampoña y desfiguraba, o configuraba, el paisaje altiplano-amazónico con él. Ya en La Paz, les invité a cenar y bebimos vino y nos tiramos toda la noche en una habitación de hostal hablando y escuchándonos. Con Emilio y con Matu me sentí ligeramente transportado a otros lugares que, curiosamente, confluían en aquel exacto lugar, nacían y morían en él.

Y, nuevamente sin dormir, abandoné Bolivia. No tenía muchos días para llegar a Ecuador así que tenía que hacer uso del transporte público, y ni siquiero esto era fiable (las fronteras por carretera entre Bolivia y el Perú llevan más de un mes cerradas por huelga). Tuve que pasar a Chile a través de la cordillera, a través de los oníricos paisajes desérticos del Altiplano, y luego descender abruptamente entre dunas interminables hasta llegar a Arica, horrendo lugar como pocos, para poder acceder al Perú desde allí. Lo que más pereza me daba eran las aduanas chilenas, donde te manosean todo y te preguntan demasiadas gilipolleces. Una vez en Tacna, ya dentro de la geografía costera peruana, tomé un colectivo que salía esa misma tarde para Lima y avancé, en día y medio, mucho más de lo que me hubiera podido imaginar. Por mucho que deteste moverme así, era el precio que tenía que pagar por haberme quedado más días en Sachawasi.

Es difícil rasgarse las vestiduras con Lima, porque Lima es realmente fea. La niebla marina que parece apoderarse de la urbe durante gran parte del otoño y el invierno no ayuda en nada al sentimiento opresivo que despiertan sus calles (respaldado por el sucio y sobrecogedor desierto que las circunda). Dormí en un hospedaje donde un buitre disecado de proporciones fantásticas sobrevolaba la recepción. Era la primera vez en dos meses que probaba una cama, así que no merece la pena resaltar lo bien que dormí.

A la mañana siguiente partí rumbo al norte del país. El colectivo avanzaba por nuevas rutas tragadas por la niebla. Toldos y casetas olvidadas en las planicies de arena. Pueblos que parecen más soñados que reales bajo la protección discutible de una duna aguijoneada por antenas de telefonía móvil. Tapias enteras pintadas con la propaganda electoral que recién acaba de desembocar en la victoria del (ejem) izquierdista Ollanta Humala. A Keiko (Fujimori) le pesó demasiado la sombra corrupta de su padre, y eso que pintó y empapeló una costa entera con su nombre en letras naranjas, y seguro que parte de la cordillera y de la selva también. Ahora Ollanta visita a todos los mandatarios sudamericanos antes de su investidura, y todos se congratulan de la magnífica tapadera progresista que han regalado a la opinión pública.






He visto muchas películas malas durante estos viajes en autobús, desde fantasías redentoras y orgías de sangre protagonizadas por La Roca hasta moralejas con el boxeo o el fútbol americano como telón de fondo, por no hablar de la racista y homófoba saga de ‘Loca Academia de Policía’ (me la pusieron enterita, desde la primera hasta la última entrega). Nunca antes había sentido tanta vergüenza y preocupación por el medio al que quiero dedicar (parte de) mis esfuerzos creativos. Se trata, sin lugar a dudas, del lavadero de cerebros oficial del régimen. Mi amiga Penny decía que no veía la hora de que llegase la muerte de los medios de comunicación en su manifestación actual. Ella se refería, más bien, a la prensa. Pero es más urgente la muerte del cine, porque las películas alcanzan a más gente.

Cuando llegué a Tumbes, localidad cercana al paso fronterizo peruano-ecuatoriano, me sumergí en un breve infierno de casi dos horas. Se trata de un lugar muy peligroso y no puede uno bajar la guardia, porque vienen a buscarte en el momento en que estás bajándote del colectivo, todavía con legañas en los ojos y los sentidos adormilados. A mí, entre un taxista y un supuesto agente de comisiones, me timaron unos cuantos soles de camino a la oficina de inmigración. Desde allí, decidí desembarazarme de ellos como pude antes de que la cosa se pusiera fea. La parte negativa de esto último era que tenía que cruzar toda la calle y el puente que separan Aguas Verdes (Perú) de Huaquillas (Ecuador) por mi cuenta, con todo mi equipaje y documentos encima. El lugar no es muy agradable. Aunque los estafadores funcionan en base a generar una sensación de miedo y alarma que no siempre tiene por qué ser real, la verdad es que esta frontera es jodida. Recuerdo que el taxista me decía (para asustarme), ¡Mira el contrabando!, ¡Mira el contrabando!, mientras señalaba a unos jóvenes que portaban bidones de plástico por un descampado miserable bajo un cielo opaco. Yo no sé lo que se movía por allí o no. Tampoco vi nada particularmente violento (por suerte). Pero no lo necesitaba, porque los chalecos y las escopetas de la policía hablaban por sí solos. Prostitución, narcotráfico y desesperación en uno de esos agujeros negros que, si bien merece la pena conocer, no existe urgencia alguna por volver a frecuentar. Así que, queridos amigos, eviten este paso fronterizo siempre que puedan. Es uno de los mejores consejos que puedo dar.

Ecuador, en general, no es mucho más seguro que su frontera. Después de un par de días en Guayaquil me siento en el estado más policial en el que haya estado nunca. Los medios se hacen eco de cualquier barbaridad, desde asesinatos entre bandas de narcos hasta linchamientos a homosexuales (que ni siquiera son tomados en serio por los periodistas, a juzgar por los atroces titulares que se pueden leer en los kioskos), hinchando la realidad para crear escándalo y justificar así cualquier abuso de poder del gobierno supuestamente progresista de Correa. Estoy más que seguro de que la zona cordillerana no tiene nada que ver con las ciudades, donde se vomita y se caga toda la inmundicia que el sistema neo-liberal ha exportado a este rincón tan frágil y hermoso del planeta.

Fin de esta etapa. En un tiempo récord he llegado al escenario final de mi primer periplo por Sudamérica, y me marea echar la vista atrás. Visto el escaso interés que tenían otras conclusiones que escribí en el pasado, no creo que me moleste en hacer lo mismo. Ya tendré tiempo de recapitular cuando hable con mis amigos y con mi familia y con la gente a la que hace casi un año que no veo.

Pero sí voy a hacer otra cosa.





Si éste es el viaje más relevante que he hecho nunca no es sólo por lo impredecible del mismo. Cuando llegué a Argentina me llevó mucho tiempo, dos meses para ser exactos, encontrar lo que tenía que encontrar, y consideré muy seriamente volverme a España y dejar de pasearme por el mundo porque todos los sitios me estaban empezando a parecer el mismo (en cierto sentido, es posible que lo sean). También tenía mucho miedo de estar aplazando demasiado mi vuelta a la actividad cinematográfica en Madrid. Y también me había enamorado un poco, pero sólo un poco, de un Quebrantahuesos, un ave de rapiña al borde de la extinción. Conocer a Lugrin, y a otras personas que antes y después de nuestro encuentro me soplaron unas cuantas verdades a la cara, transformaron mi viaje y mi vida entera. Nunca un recorrido me había cambiado tanto por dentro.

Es más o menos sencillo adivinar lo que uno no quiere. Pero tener la claridad suficiente para ver lo que uno quiere depende mucho la forma en que se mire y se escuche, de las preguntas que uno esté dispuesto a hacerse y, por qué no decirlo, de la casualidad. Ahora sé lo que quiero, y el tiempo me dará algunas herramientas o me mandará a bailar cueca al otro mundo antes de que pueda funcionar con ellas. La vida no nos debe nada. Esa es la verdad.

Como todos, he sido feliz e infeliz. De ninguna forma puedo escapar del dolor creando un paraíso para mí mismo y para la gente con la que viva, y tampoco quiero hacerlo. El meollo de todo el asunto está en el viaje, en el movimiento constante. El viaje es un modo de vida y, al mismo tiempo, también puede ser una forma de vincularse con la tierra. El viaje no es desapego, es apego a todo lo que existe.

Quiero hacer unas pocas películas, pero, sobre todo, quiero hacer una serie de cuarenta episodios, ‘El pasajero separado’. Es el trabajo creativo principal que deseo llevar a cabo. Cuando termine de hacerlo, haré huerta, y nada más. Ni nada menos. E intentaré vivir lo más al margen que pueda del sistema monetario, en caso de que éste no sea devuelto a su ceniza originaria por los cambios planetarios que puedan o deban producirse. Eso lo veremos pronto. De todas formas, estas palabras enuncian planes, futuros hipotéticos, y por eso carecen de peso. No voy a despreciar los sueños por el mero hecho de ser sueños, pero sólo quiero dejar que en este momento presente se limiten a marcarme un sendero, una dirección.

En el valle del Río Azul abracé y empecé a creer en un destino. En Chile dejé mi corazón y vi lo importante que era estar “donde las papas queman”. En Bolivia… todavía no sé lo que pasó en Bolivia. Y ahora vuelvo a la Madre Patria (una madre grotesca y enferma, pero algo más divertida que sus hermanas europeas) para seguir haciendo lo que creo que es lo mejor que puedo hacer: vivir.

INLAKESH ALAKEN, COMPAÑEROS.
(En lengua maya, “Yo soy tú, tú eres yo”; un saludo, o una despedida, en toda regla).




FIN
DE LA
TERCERA
TEMPORADA
DE
“MISS
KALASHNIKOV”.


226. El príncipe y el anarquista.




He llegado a oír una historia sorprendente sobre un guerrillero que fue traicionado por sus compañeros. La milicia golpista lo apresó en la selva y se lo llevó a unas viviendas apartadas en un valle apartado, un lugar en el que hacía años que nadie ponía un pie. Allí fue torturado hasta morir.

El general que lo torturó, y sus esbirros, son los depositarios de su memoria.

Le cortaron varios dedos de las manos y de los pies. Le extrajeron con lentitud exasperante el ojo derecho. Abrasaron toda su piel con un soplete hasta que no quedó un centímetro sin chamuscar. Le rasparon los tendones con una navaja (el Marqués de Sade afirma que éste es el dolor más inaudito de todos). Le introdujeron todo tipo de objetos por el ano hasta el límite del empalamiento. Fue un milagro que sobreviviese a todo ello durante tantos días.

Y el guerrillero nunca dijo una mala palabra. No lloró. Es más: se lo vio sonreír con una placidez sobrenatural en más de una ocasión. En lugar de ofrecer a su público el deleite de su terror, sólo se oía el sonido, entre inquieto y cansado, que hacían los soldados al arrastrar los pies, sus murmullos en la habitación de al lado, la lenta combustión de sus cigarrillos.

Antes de dejarlo morir, el general hizo salir a todos del cuarto. Poco quedaba ya del guerrillero: rastros calcinados de lo que antes era un cuerpo, algo parecido a un rostro, una boca y una lengua que todavía alcanzaban a hablar y a cantar. El general se arrodilló a su lado, ya sin saber dónde dirigir su próximo golpe, y le preguntó, ¿Por qué?, ¿Por qué nos haces esto?, ¿No ves que estás desanimando a mis hombres?, y lo que quedaba del guerrillero, es decir, su conciencia, alcanzó a decir, Lo siento, y añadió, No me duele.

Cuentan que, acto seguido, cerró el ojo izquierdo y tardó pocos minutos en morir.

225. Season Finale (Parte II): La bomba de Hiroshima.






Un día en Sachawasi era tal que así…

A las siete de la mañana, Bruno tocaba el tambor y cantaba…
Del cerro yo bajo por la mañanita…
Del cerro yo bajo por la mañanita…
Cantando y bailando para mi cholita…
Cantando y bailando para mi cholita…
Ya pasó el tiempo de ser vicuñita…
Ya pasó el tiempo de ser vicuñita…
Todos me persiguen por mi lana fina…
Todos me persiguen por mi lana fina…
Ya se sa – se sabe que me voy mañana…
Ya se sa – se sabe que me voy mañana…
Pero no se sabe cuándo volveré…
Pero no se sabe cuándo volveré…
Laila lai lalai lalai lalai lalai la…
Laila lai lalai lalai lalai lalai la…
Ya pasó el tiempo de ser vicuñita…
Todos me persiguen por mi lana fina…
A veces todavía dormía cuando escuchaba su voz entre las plantas de café, otras veces ya estaba despierto y mateando con Victor en la cocina en la que tal vez fuera la mejor hora del día, cuando el cielo se aclaraba perezosamente, como en un lento resurgir de una enfermedad sin nombre ni importancia, y los madrugadores nos desperezábamos junto al fuego, hablábamos en voz baja…
Victor, eminente cocinero, cazador, agricultor, médico-homeópata, artesano…
Victor fue muy paciente conmigo, aunque la paciencia no fuera su virtud más evidente, y hablamos en español y en inglés sobre viajes y experiencias que quedan grabados en la memoria, en una ocasión, durante la presentación de una de sus comidas, sopa de maní o alguna virguería de yuca, nos explicó que el ying y el yang no eran más que la inspiración y la expiración, y que todo lo que necesitábamos hacer para llevar una vida equilibrada era RESPIRAR, en otra ocasión me contó una historia sobre un hombre que le pidió a un maestro indio, Por favor, Maestro, explícame el sentido de la vida con palabras que yo pueda entender, y el Maestro le respondió, ¿quién eres tú?, ¿cómo que quién soy yo?, respondió su discípulo, sobresaltado, Tú quieres que te explique lo que es la vida (y por ende, la muerte) de forma que lo puedas entender, ¿no es verdad?, Sí, Maestro, Entonces contéstame, ¿quién eres tú?, Yo soy Sergio, Muy bien, “Yo soy” es la verdad, “Sergio” es la mentira…
Pero me he ido por los cerros de Úbeda, o por los Picos de Europa…
Después de desayunar pito, que no es lo mismo que comerse una poronga, sino que es el nombre local que se le da a la harina tostada o al ñaco, como le dicen en Argentina, aunque tengo entendido que en el Tíbet se le da otro nombre, y así sucesivamente, bueno, después del desayuno, a las ocho de la mañana, empezábamos la labor…
Mi trabajo favorito fue construir una cocina nueva para Victor con una tapialera, esto consistía en aprender a utilizar unas herramientas simples pero que requieren mucha destreza, dos tablones de madera para contener la tierra que se va a prensar y que va a servir de pared base, más una pieza de cierre en uno de los extremos, y así, con paciencia y con fuerza, y rellenando los huecos con una mezcla de paja, agua y barro, se va creando un espacio que bien podría ser una casa (de hecho, todas las casas de la zona se han hecho así) y que se completa con adobes y una techumbre…
La casa de Bruno era distinta, circular, hecha toda con madera y distribuida a lo vertical, un piso subterráneo para las semillas y el alimento, un piso al nivel del suelo como centro de reunión social y un dormitorio, encima, para la vida íntima y espiritual, el cuarto donde todos nosotros queríamos estar y leer y descansar…
Otras labores comunes eran machetear, desmalezar alrededor de las piñas, cosechar café o algunas de las muchas raíces autóctonas que crecen en la chacra y que Bruno se ha propuesto salvar de la extinción, hacer adobes, buscar leña y apilarla, sembrar…
La campana sonaba dos veces, una a las diez y media para pischar un poco de coca, otra a la una para ir a bañarse al río, luego almorzábamos juntos, y luego…
Un taller de permacultura o una conversación o un tiempo precioso ocupado en la contemplación de las nubes y los cerros o en el sueño o en paseos a la tienda del pueblo para ir a comprar el pan o las Cremositas (galletas de chocolate o dulce de leche) con las que sucumbíamos como hijos de puta a la relación mercantil…
En los talleres aprendí, sólo teóricamente, a hacer carbón de leña, el mejor fertilizante que un suelo pueda obtener, aunque apenas se noten los resultados en un clima templado o frío…
Y la noche llegaba a eso de las seis y media, y a las siete cenábamos una sopita bien ligera y luego cada uno se entregaba a sus vicios o al descanso, muchos tocaban la guitarra, otros tejían ropas o bolsos o carteras de cuero, otros ponían música en la cocina, aprovechando que Victor se retiraba temprano, los vasos que habían alojado mates de coca durante el día se llenaban ahora con Ceibo y jugo de naranja, cosas de la vida, Sachawasi a veces, o casi siempre, era una burbuja que reproducía fielmente muchos comportamientos que a todos nos parecían discutibles (mi percepción del alcohol ya no puede ser la misma después de este viaje, después de ver lo que el alcohol hace, realmente), pero, ¿no es bueno ver las contradicciones y darles sólo la importancia que merecen, ni más ni menos?...
Y llegó el día de apertura del Segundo Encuentro de los Hijos de la Pachamama…
Supuestamente iban a venir muchos invitados a Sachawasi para compartir sus saberes y hablar de las múltiples formas de resistencia que se pueden poner en práctica para abolir el sistema monetario…
No vinieron muchos…
Bolivia es un país con muchos bloqueos de carreteras y muchos problemas en general…
Pero sí vino Jorge, un venezolano embajador de la causa ‘Zeitgeist’ en Sudamérica (por si no lo sabéis, ‘Zeitgeist’ es un movimiento social nacido en Internet y una trilogía de documentales de interés desigual, aunque os recomiendo fervientemente la primera película)…
Jorge lleva dos años alimentándose sólo de la energía solar (no entendí muy bien por qué no de la lunar), de vez en cuando se come una o dos papas para que los jugos gástricos no le devoren el estómago…
Bajo el enunciado de ‘La tierra piensa’ justifica la aparente destrucción del planeta, y digo ‘aparente’ porque para Jorge o para Miguel Ángel, un vasco integrante de una secta de hijos o amigos o hermanos del Arco Iris o algo así, la noosfera, es decir, la mente de la tierra, ha planeado todo lo que está sucediendo, como si de un guión teatral se tratase, como antesala al gran cambio de diciembre del 2012, en el que una humanidad que existió antes que nosotros vendrá a visitarnos, a partir de entonces dejaremos de usar sólo un hemisferio de nuestro cerebro y accederemos a nuevos niveles de realidad, por eso la bomba de Hiroshima es lo mejor que le podía haber pasado a la humanidad, la radiación nuclear es buena porque configura una nueva raza de seres de luz, la guerra y la devastación y la degradación del suelo y el horror inconcebible son buenos en sí mismos…
En fin…
Eso es lo que piensan Jorge y Miguel Ángel…
Bruno, en una de las pláticas, preguntó cómo era posible que la tierra pensase y se divirtiese con todas esa huevadas, a Jorge no le pareció nada bien que Bruno calificase los actos de la Pachamana de “huevadas”, a mí no me pareció bien la actitud dictatorial de Jorge, aunque tampoco me molestaba, simplemente aprendí con él lo que es la radiestesia (la comunicación de la mente humana y la noosfera a través de un péndulo) y lo que son las piedras de Ica y varias teorías conspiratorias esotéricas filosóficas que no carecen de interés pero que todavía no me llaman a una acción concreta, porque yo no tengo el menor interés en trabajar para el proyecto personal de Jorge (una serie de cortometrajes didácticos interpretados por marionetas), sino en mi proyecto personal, que también lidia con temáticas libertarias y con el cambio social, pero de otro modo, quiero creer que menos pretencioso, menos forzado, y lo que es más importante, a través de la ficción, tal vez la forma más eficaz de depositar un mensaje en el útero de la tierra…
La cabeza me daba vueltas tras todas estas discusiones, pero había algo que quería entender, algo que tenía que ver con la bomba de Hiroshima y con el horror y conmigo mismo…
Fui a hablar con Miguel Ángel, estaba instalando una estructura piramidal con varillas de hierro para sentarse a meditar bajo su cúspide o algo así, hablamos, su arrogancia me dejó atónito, pero se trataba de un tipo especial de arrogancia, producto de ser feliz durante el noventa y nueve por ciento de su tiempo, o eso decía él, Hay gente que escoge la tristeza y la amargura y gente que escoge la felicidad, dijo, depende de ti, es tu opción, yo elijo estar contento y en armonía con mi entorno, y como si quisiese demostrarme la veracidad de sus palabras, rió, se carcajeó de una forma siniestra, y a mí me dio mucha pena que alguien quisiese privarse a sí mismo de sufrir, pero no está bien juzgar a la gente, en eso Miguel Ángel tenía mucha razón, así que me despedí, y me sentí muy afortunado de haberlo conocido…
También hubo un taller dedicado a la sexualidad sagrada, lo impartió una pareja argentino-colombiana que parecen haber evolucionado de golpe a esa nueva humanidad que está por aterrizar en nuestro planeta, aunque van de crudíferos por la vida y luego devoran la yuca cocida…
En fin…
Verles agradecer la comida a ritmo de guitarra es una de las cosas más excesivas e hilarantes que he visto nunca…
¡Gracias a la ensalada, gracias a la ensalada!
Curando - curando - curándonos…
Ayudando – ayudando – ayudándonos…
¡Gracias a la achira, gracias a la achira!...
Y así sucesivamente…
La sexualidad sagrada se resume a que eyacular sin ton ni son es una pérdida considerable de energía y que hay otras formas de conseguir la estimulación sexual mientras se retiene el esperma o el fluido vaginal…
He intentado ponerlo en práctica conmigo mismo, pero es harto difícil despertar a la Kundalini que llevo dentro…
Gente llegaba, gente se iba, Don Ramiro, oriundo del pueblo que servía de base al Encuentro y a Sachawasi, habló de plantas medicinales de la zona, y como buen sabedor de la naturaleza y de la vida en general, habló poco, escuchó mucho, no dio fácilmente lo que la gente ansiosa esperaba saber, no entendió las palabras necias, en pocas palabras, dio una lección de humildad a las ‘nuevas humanidades’…
Y, mientras tanto, Victor y sus ayudantes de cocina se resguardaban de la tormenta new age…
No existe sexualidad sagrada, decía Victor, no existe la espiritualidad, no existe la meditación, no existe nada de eso…
Me miró fijamente, y añadió…
Todo está en nuestra mente.